Blog de CANECOLOGIA

Últimas publicaciones

Las estepas castellano-manchegas y su avifauna

A veces no sabemos valorar lo que tenemos. Esto es lo que ocurre con los paisajes esteparios de la Península Ibérica, uno de los ambientes más interesantes y singulares de la Unión Europea. Mucha gente los considera espacios vacíos y estériles, carentes de belleza, pero nada más lejos de la realidad. Esta falsa percepción de las estepas como lugares sin valor ha provocado que estos hábitats hayan sido maltratados históricamente y explica que hoy en día no estén representados en la Red de Parques Nacionales, a pesar de que en algunos casos su inclusión ha sido reclamada por una parte de la sociedad desde hace décadas (p.ej. los Monegros aragoneses).

Las estepas son medios llanos y abiertos, sin árboles ni arbustos que formen un matorral denso, y con una amplia cobertura de gramíneas. Las estepas ibéricas son diferentes a las estepas centroeuropeas y centroasiáticas, ya que se caracterizan por pertenecer al clima mediterráneo, por la pobreza y la frecuente salinidad de sus suelos, y por el predominio de plantas leñosas. No obstante, las especies de aves esteparias ibéricas, centroeuropeas y centroasiáticas son prácticamente las mismas. Las zonas esteparias pueden ser el resultado de factores climáticos y edáficos, si bien en la Península Ibérica su origen está generalmente en la actividad humana (deforestación, incendios, pastoreo, agricultura). En Castilla-La Mancha cabe diferenciar entre las estepas de vegetación natural y las estepas cerealistas o pseudoestepas. Entre las estepas de vegetación natural se distinguen las estepas salinas, las estepas yesosas, los pastizales del Valle de Alcudia y los páramos del Sistema Ibérico. En cuanto a las estepas cerealistas, es importante destacar que los cultivos de cereales tienen un gran valor natural, ya que en ellos habitan algunas aves cuya conservación está amenazada, como la avutarda, el sisón o el cernícalo primilla.

Las estepas son el hábitat de muchas aves que se encuentran perfectamente adaptadas a las condiciones de este medio. En Castilla-La Mancha habitan numerosas especies de aves esteparias, como la terrera marismeña (Calandrella rufescens), la cogujada común (Galerida cristata), la collalba gris (Oenanthe oenanthe), la collalba rubia (Oenanthe hispanica), el buitrón (Cisticola juncidis), la curruca tomillera (Sylvia conspicillata) y el triguero (Miliaria calandra). Algunas de ellas pueden ser objeto de caza, ya que están incluidas en el Anexo II de la Directiva Aves (79/409/CEE, actualmente derogada y sustituida por la Directiva 2009/147/CE): perdiz común (Alectoris rufa), codorniz (Coturnix coturnix) y alondra común (Alauda arvensis). Sin embargo, muchas otras están incluidas en el Anexo I de dicha Directiva, lo que significa que deben ser objeto de medidas de conservación especiales en cuanto a su hábitat, con el fin de asegurar su supervivencia y su reproducción en su área de distribución:

Aguilucho cenizo (Circus pygargus)
Aguilucho pálido (Circus cyaneus)
Alcaraván común (Burhinus oedicnemus)
Alondra de Dupont (Chersophilus duponti)
Avutarda común (Otis tarda)
Bisbita campestre (Anthus campestris)
Calandria (Melanocorypha calandra)
Canastera (Glareola pratincola)
Cernícalo primilla (Falco naumanni)
Cogujada montesina (Galerida theklae)
Ganga ortega (Pterocles orientalis)
Ganga ibérica (Pterocles alchata)
Sisón común (Tetrax tetrax)
Terrera común (Calandrella brachydactyla)

Una de las zonas esteparias castellano-manchegas es el Campo de Montiel, un territorio cerealista con pastizal, viñedos y olivar. Esta comarca está considerada el área de cría del aguilucho pálido más meridional en Europa. Además, es la zona ciudadrealeña con un mayor número de parejas reproductoras de aguilucho cenizo, alberga a parejas reproductoras de cernícalo primilla y cuenta con una destacada población reproductora de alcaraván común. También es una importante área de invernada para el sisón común, que en el Campo de Montiel cuenta con el mayor número de machos reproductores de Ciudad Real. En esta zona se localiza una de las poblaciones de avutardas más amenazadas de Castilla-La Mancha debido, entre otros factores, a su bajo número de efectivos y a su alto grado de aislamiento. Asimismo, en esta comarca se encuentra el mayor núcleo de población reproductora de ganga ortega en la región, así como uno de los más importantes de ganga ibérica. La alondra de Dupont también se ha citado como nidificante en esta zona.

El estado de conservación de las aves esteparias es preocupante debido a que su hábitat ha sido sometido a una profunda transformación. Por ejemplo, en nuestro país la sustitución de los cultivos cerealistas de secano por cultivos de regadío ha causado la reducción y el deterioro de muchas pseudoestepas. La creación de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPAs), en virtud de la Directiva Aves (que se aplica a las aves, así como a sus huevos, nidos y hábitats), ha contribuido a la conservación de estas especies. De hecho, en las áreas esteparias declaradas como ZEPAs en Castilla-La Mancha se concentran algunas de las mejores poblaciones ibéricas y europeas de aves esteparias amenazadas. En la provincia de Ciudad Real existen dos ZEPAs: el “Área esteparia del Campo de Calatrava” y las “Áreas esteparias del Campo de Montiel”. Por otro lado, en base a la Directiva Hábitats (92/43/CEE) algunas estepas de vegetación natural en Castilla-La Mancha han sido declaradas Lugares de Importancia Comunitaria (LICs), debido a sus valores florísticos y a que constituyen los últimos reductos de este tipo de hábitat, tan importante para ciertas especies de aves esteparias, como la alondra de Dupont. Por ejemplo, en el LIC denominado “Humedales de la Mancha” (entre las provincias de Ciudad Real, Toledo y Cuenca) habitan el aguilucho pálido, el cernícalo primilla y el alcaraván común. Según esta Directiva, una vez aprobada por la Comisión Europea la lista de LICs propuestos por los Estados miembros, estos LICs han de ser declarados Zonas Especiales de Conservación (ZECs). Por desgracia, los cultivos cerealistas no son hábitats naturales y no están contemplados en esta Directiva. Las ZEPAs, los LICs y las ZECs integran la red ecológica europea Natura 2000 y están reconocidos como espacios protegidos en nuestra legislación nacional (Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad).

La conservación de muchas estepas ibéricas está condicionada por la Política Agraria Comunitaria (PAC), ya que en la mayor parte de los casos se trata de agroecosistemas, lo que conlleva que su gestión se decida fundamentalmente en base a intereses económicos o sociales, dejando en un segundo plano los aspectos medioambientales. El factor más importante para garantizar la conservación de la mayoría de las aves esteparias es el mantenimiento de la calidad de los hábitats agrícolas. Esta calidad supone la existencia de un paisaje agrario diverso, que proporcione lugares adecuados para la alimentación, nidificación y ocultación de estas aves. Por ejemplo, el aguilucho pálido, el aguilucho cenizo y la avutarda ubican sus nidos en los cultivos de cereal, que también son beneficiosos porque en ellos abundan los micromamíferos, fuente de alimento para los aguiluchos. En cambio, otras especies como el sisón, el alcaraván, la ganga ortega y la ganga ibérica, aunque utilizan las parcelas con vegetación para ocultarse de los depredadores, también necesitan terrenos despejados para alimentarse. El paisaje agrario ideal para las aves esteparias está compuesto por un mosaico de pequeñas parcelas que incluya terrenos labrados (arados pero sin cobertura vegetal), barbechos (terrenos que se han dejado en rastrojo ese año), pastizales o baldíos (terrenos que han dejado de cultivarse y han quedado cubiertos por vegetación herbácea espontánea), eriales (terrenos con arbustos como la retama, el tomillo, el espliego, etc.), parcelas de cereal (trigo, cebada, centeno, avena) y de otros cultivos (leguminosas, girasol, cáñamo, lino, remolacha, etc.), viñedos, cultivos arbóreos (olivo, almendro, frutales, etc.) y arbolado silvestre (pinos, encinas, etc.) Asimismo, es importante preservar la vegetación natural de los límites de las parcelas, que proporciona microhábitats y aumenta la disponibilidad y diversidad de alimento. Lamentablemente, la PAC ha favorecido la implantación de una agricultura intensiva que no respeta este modelo, provocando la reducción del área de distribución y de las poblaciones de estas especies de aves.

Las principales amenazas para la conservación de las aves esteparias ibéricas y castellano-manchegas son:

1. La intensificación de la agricultura:

La intensificación de la agricultura provoca el empobrecimiento de las comunidades de aves, reduciendo el número de especies y eliminando la avifauna esteparia, puesto que implica una serie de cambios respecto al agroecosistema tradicional:

- Concentración parcelaria: El aumento del tamaño de las parcelas disminuye la diversidad del paisaje agrario y causa la pérdida de la vegetación natural entre las parcelas. Además, las aves que nidifican en el suelo sufren altas tasas de depredación de los nidos, que se ven agravadas por la reducción de la heterogeneidad del medio.
- Cambios de cultivo: Como consecuencia de la concentración parcelaria, la variedad de posibles usos del suelo se reduce, por lo que se tiende a los monocultivos, normalmente de cereal, en detrimento de otros minoritarios como las leguminosas. A veces, mantener el mismo tipo de cultivo pero intensificar la manera de llevarlo a cabo también puede perjudicar a las aves esteparias, como está sucediendo con la sustitución de los viñedos tradicionales por plantaciones en espaldera. Asimismo, la puesta en cultivo de las estepas de vegetación natural afecta negativamente a las aves más adaptadas a este tipo de hábitat.
- Desaparición del barbecho tradicional: La práctica del barbecho tradicional en los cultivos de cereal de secano es muy importante en la agricultura mediterránea. La pérdida de superficie dedicada a este uso afecta negativamente sobre todo a la ganga ortega y la ganga ibérica, aunque los barbechos también son hábitats muy valiosos para el resto de aves esteparias.
- Transformación de secano a regadío: Este es uno de los principales problemas de conservación para la avifauna esteparia, ya que implica la sustitución del cultivo de secano de cereales de ciclo largo y leguminosas, junto con los barbechos, por cultivos menos adecuados para estas aves, como el maíz, la remolacha azucarera, la alfalfa o los cereales de ciclo corto. Además de la introducción de nuevos cultivos y el empeoramiento de la sobreexplotación de los acuíferos, el regadío trae consigo un mayor uso de pesticidas y fertilizantes, un mayor riesgo de destrucción de los nidos por una cosecha más temprana, un aumento de las molestias a las aves por el incremento de las tareas agrarias en momentos críticos del periodo reproductor, así como la introducción de infraestructuras artificiales como estaciones de bombeo, tuberías o tendidos eléctricos.
- Uso de fertilizantes y productos fitosanitarios: Los plaguicidas eliminan las plantas arvenses y muchos invertebrados como los insectos, reduciendo enormemente los recursos alimenticios de las aves esteparias. Además, estos productos pueden ser tóxicos para estas especies, como se ha demostrado en el caso de la perdiz roja o la avutarda. Por otro lado, la aplicación excesiva de fertilizantes inorgánicos u orgánicos (purines, estiércol) causa la contaminación del medio estepario.
- Uso de maquinaria agrícola: La destrucción de los nidos (huevos y pollos) por las cosechadoras es la principal causa de mortalidad de algunas especies. Por ejemplo, en el Campo de Montiel la siega provoca la muerte del 70% de los pollos de aguilucho cenizo.

2. La reforestación de tierras agrícolas: Una de las mayores amenazas para la conservación de las áreas esteparias es la sustitución de los cultivos de cereal por plantaciones masivas de almendros, olivos, frutales, pinos, etc.

3. Los cambios en la gestión ganadera: El abandono del pastoreo puede suponer la pérdida de superficie esteparia por un crecimiento excesivo de la vegetación. Al mismo tiempo, el sobrepastoreo perjudica a la cubierta vegetal, supone un mayor riesgo de destrucción de los nidos y lleva aparejado un aumento de infraestructuras dañinas para la avifauna (p.ej. vallas).

4. El desarrollo urbanístico y de infraestructuras: Los elementos artificiales como las edificaciones, las carreteras y los caminos afectan negativamente a las aves esteparias, debido a que causan la pérdida y fragmentación de su hábitat, además de someterlas a molestias de las que se ven obligadas a alejarse. Además, las carreteras y otras infraestructuras como los parques eólicos y los tendidos eléctricos provocan una mortalidad directa en las aves por atropellos o colisiones.

5. La caza furtiva: Esta práctica es una realidad en Castilla-La Mancha y ha afectado a algunas aves esteparias como la avutarda. Por ejemplo, se tiene constancia de que en los años ochenta en Ciudad Real era frecuente la caza furtiva desde helicópteros. A pesar de ello, no es sencillo encontrar información sobre este tema.

6. Las actividades recreativas: Las aves esteparias a menudo son muy sensibles a las molestias causadas por el ser humano (p.ej. avutardas y sisones), por lo que actividades como el vuelo a baja altura de avionetas y helicópteros o un exceso de excursionistas (a pie, en bicicleta o sobre vehículos motorizados) puede ocasionar incluso el abandono de los nidos.

Por tanto, son muchas las posibles líneas de actuación para proteger a las aves esteparias de la Península Ibérica en general y de Castilla-La Mancha en particular, algunas de las cuales serían:

- Aumentar el número y la extensión de las áreas esteparias declaradas como espacios naturales protegidos amparados por la legislación ambiental.
- Favorecer la agricultura y la ganadería extensivas de secano frente al regadío y las prácticas agrarias intensivas.
- Fomentar la agricultura y la ganadería ecológicas frente a la modalidad convencional.
- Regular mediante normativas cómo y cuándo deben llevarse a cabo ciertas labores agrarias que pueden perjudicar a las aves esteparias (p.ej. la siega del cereal para no dañar los nidos del aguilucho cenizo).
- Preservar o recuperar la vegetación natural de los límites de las parcelas agrarias y de las riberas de los ríos y arroyos.
-  Aumentar la diversidad del paisaje agrario, impidiendo la creación de áreas extensas de monocultivo (p.ej. olivar).
- Evitar situar infraestructuras artificiales en zonas esteparias de gran valor o, de ser inevitable, aplicar las medidas necesarias para minimizar o compensar su impacto negativo sobre la avifauna.
- Comprobar la presencia de nidos de cernícalo primilla en las edificaciones antiguas antes de proceder a su derribo o rehabilitación, que debería realizarse de forma que esta especie pueda seguir utilizándolas para tal fin.
- Estudiar el impacto negativo de las actividades humanas (caza, senderismo, tráfico de vehículos por los caminos rurales, etc.) sobre las poblaciones de las especies de aves esteparias más sensibles o amenazadas, llegando a prohibirlas o limitarlas si fuera necesario.

Por último, es imprescindible difundir los valores ecológicos de las áreas esteparias, así como la riqueza y la diversidad de su avifauna. La educación ambiental puede ayudar a que la sociedad española modifique la visión equivocada que tiene de estos hábitats y comience a considerarlos como un patrimonio natural que merece ser apreciado y protegido. El cambio más esperanzador sería que los propios habitantes de los pueblos de las zonas esteparias se convirtieran en sus máximos defensores y divulgadores.

BIBLIOGRAFÍA: Martínez, Carmen. 2005. Distribución, abundancia, requerimientos de hábitat y conservación de aves esteparias de interés especial en Castilla-La Mancha. Monografías del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 140 páginas.