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España vacía lo serás tú

Lo difícil es querer ser rural y no tener pueblo

Despertarsepor la mañana, salir al campo y no encontrarse con casi nadie es un privilegio. Si te gusta eso, claro. Si no te gusta, quizás lo tuyo es la ciudad. Porque vivir en un pueblo nunca va a ser como vivir en una ciudad. Y menos mal. Hay quien quiere que los pueblos imiten a las ciudades. Sin embargo, el mayor valor del medio rural es precisamente que es muy diferente al medio urbano. Aquí hay mucha Naturaleza y poca gente. Y eso es maravilloso.

Vivir en un pueblo tiene sus pros y sus contras, igual que hacerlo en la ciudad. En los pueblos la gente tiene que lidiar con problemas como carreteras llenas de baches, colegios a muchos kilómetros y mala cobertura telefónica. Y en las ciudades tienen que soportar cosas como el tráfico, el ruido y unos alquileres por las nubes. Hay mucho que mejorar en ambos medios para conseguir una buena calidad de vida. Algunas personas nacen en un pueblo y se marchan a la ciudad. Pero también hay otras que hacen el viaje inverso. Es una decisión personal.

En los pueblos vive gente de todo tipo y no todos piensan igual. Unos quieren polígonos industriales, el AVE y autovías. Otros prefieren parques naturales, trenes de cercanías y carreteras comarcales (bien asfaltadas, eso sí). Unos miran con desconfianza a los nuevos pobladores, con miedo a que les quiten lo suyo, mientras que otros se alegran de verles. Unos practican la caza y otros rescatan perros abandonados. Algunos alcaldes tienen iniciativa y buscan la manera de mantener vivos sus pueblos. Otros son negligentes y dejan escapar las oportunidades. Algunos propietarios alquilan sus casas y otros las mantienen cerradas y sin uso, a no ser que aparezca alguien dispuesto a comprarlas por un precio desorbitado. Unos defienden la agricultura y la ganadería ecológicas. Otros tienen granjas intensivas o apoyan la expansión del regadío, incluso en zonas esteparias. Unos cuidan el medio ambiente y otros tiran basura en cualquier sitio.

Es lógico reivindicar que en los pueblos se tenga acceso a los mismos servicios públicos que en cualquier otro lugar del país, aunque salga más caro. Y además de esto tan fundamental, cada uno podría pedir distintas cosas en función de sus intereses. Pero en este punto todo se complica. Porque la cuestión más importante, de la que no suele hablarse, es qué modelo de medio rural se quiere para el futuro. Y en eso es difícil que nos pongamos de acuerdo.

Desconozco quién se ha inventado esa expresión tan desafortunada: la España vacía o vaciada. No sé si habrá surgido del ámbito académico, político o periodístico. O tal vez venga de alguna plataforma ciudadana. De lo que estoy segura es que alguien está intentando sacar provecho del asunto de la despoblación rural. Los científicos publicarán artículos, los políticos conseguirán votos y los periodistas venderán espacios publicitarios. Incluso puede que aumenten las ayudas económicas a los pueblos. Pero al final las personas del medio rural seguirán con su día a día y sus contradicciones.

NOTA: Poco después de escribir este texto descubrí por casualidad el origen de ese término que tanto se escucha últimamente. Es el título de un libro publicado en 2016: “La España vacía: viaje por un país que nunca fue”. El autor es periodista y “cronista de sí mismo”. Al parecer, la España vacía nació en la mente de un escritor urbano con una visión estereotipada y negativa del medio rural, según varias reseñas críticas.

Así que me propuse leer el libro para formarme mi propia opinión. Y buscando en la página web de la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha encontré un ejemplar en Torre de Juan Abad, un pueblo del Campo de Montiel que casualmente se cita en la obra. Cuando llegué a su biblioteca (que es grande, bonita y bien cuidada) estaban celebrando una reunión del club de lectura. Ya de vuelta en Villanueva de los Infantes, empecé a leerlo y a ponerme de mal humor. En efecto. Este libro expone la teoría de la superioridad urbana, según la cual todo lo que no sea ciudad es un páramo sin interés alguno. El autor considera que existen dos Españas: una España llena y una España vacía. La España vacía se corresponde, según él, al interior de la Península Ibérica, es decir, a todo el territorio peninsular que no es costero. En sus propias palabras: “Madrid sería un agujero negro en torno al que orbita un gran vacío” o “España no ha existido fuera de las ciudades” o “toda civilización es, por necesidad, urbana, pero cada una tiene formas distintas de integrar o de ignorar ese espacio en blanco que hay entre ciudades” o “en una Europa homogénea y muy poblada, la España vacía es una experiencia inigualable. Paisajes extremos y desnudos, desiertos, montañas áridas, pueblos imposibles y la pregunta constante: quién vive aquí y por qué. Cómo han soportado, siglo tras siglo, el aislamiento, el sol, el polvo, la desidia, las sequías e incluso el hambre”. Incomprensiblemente para él, este yermo está poblado por un puñado de almas infelices que resisten a pesar de “las historias de violencia que todas las comunidades pequeñas contienen. Los odios de siglos, las rencillas que el roce y la moral de vía estrecha acentúan, el aburrimiento”. Por si esto fuera poco, el escritor también apoya la teoría de la inferioridad española, que defiende que cualquier otro país europeo es mejor que el nuestro. Argumenta que solo la España urbana es europea, mientras que los pueblos del interior tienen más semejanzas con Marruecos o algunas zonas de México.

¿De verdad alguien puede creer que este libro refleja la realidad del medio rural español? Es sorprendente que una obra tan ofensiva y sensacionalista (y tan aburrida, todo sea dicho) haya tenido un gran éxito de ventas y una enorme repercusión mediática. Incluso ha recibido varios premios. Da un poco de miedo que un periodista que no vive en el medio rural y que lo describe citando otros libros y películas se haya convertido para muchos en un referente sobre el tema de la despoblación. Y cuando echa mano de sus experiencias personales en los pueblos todavía es peor porque los retratos que perfila son siempre melodramáticos, nunca alegres o positivos.

El hecho de que el interior peninsular y sus pueblos sean únicos en Europa debería ser un motivo para apreciarlos, nunca para menospreciarlos. Recomiendo al autor y a quienes opinen como él que intenten instruirse sobre biogeografía y ecología. Tal vez así lleguen a entender algún día por qué el interior de España es como es y, con un poco de suerte, cuando observen el espacio entre dos ciudades serán capaces de valorarlo.

Resulta paradójico que ahora los propios pueblos a veces se autodenominen España vacía o vaciada, en este último caso queriendo destacar su papel de víctimas. Si los pueblos del interior peninsular que están perdiendo población quieren revertir esa tendencia, solo tienen dos opciones: que los nativos que se fueron vuelvan o que vaya gente nueva. Sin embargo, por mi experiencia puedo decir que no es habitual que los pueblos den facilidades a los nuevos pobladores. Y no me refiero a ofrecer dinero, trabajo o vivienda, sino a mostrar algún interés en que alguien nuevo vaya a vivir al pueblo. A no ser que seas una familia con varios hijos y la continuidad de la escuela esté en riesgo. El simple hecho de encontrar una vivienda en alquiler es una odisea y, aunque llegues con un proyecto de emprendimiento debajo del brazo, lo más común es que no recibas ningún apoyo para establecerte. Es improbable que lleguemos nuevos pobladores y logremos asentarnos si, además de los inconvenientes de vivir en un pueblo y la escasez de ayudas públicas a los emprendedores rurales, nos encontramos con casi todas las puertas cerradas.

Posted in: Medio rural