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No tengo prisa

Elogio a la conducción lenta

Me gusta conducir. Pero no me gusta correr. Disfruto conduciendo a velocidad de crucero, lo que me permite hacer cosas como observar el paisaje o evitar atropellar a los animales que cruzan la carretera. No entiendo por qué motivo hoy en día la velocidad se considera un valor en sí misma. Casi todo el mundo conduce por encima de los límites de velocidad por sistema. La carretera se ha convertido en una especie de circuito de carreras. Parece que todos tienen prisa por llegar a algún sitio, como si se les quemara el arroz las veinticuatro horas del día.

Esto no solo ocurre en las ciudades sino también en el medio rural. Incluso en la carretera más solitaria y recóndita del país, un día festivo a la hora de la siesta, siempre acaba apareciendo un conductor con prisas. Si se limitaran a esperar pacientemente su momento para adelantar, daría igual. El problema es que a menudo no respetan la distancia de seguridad y su impaciencia les lleva a tomar malas decisiones. Es absurdo pero muchos conductores ven a aquellos que conducen de acuerdo a los límites de velocidad como un estorbo. Esto hace que, para los que preferimos conducir con calma, salir a la carretera ya no sea tan agradable como hace unos años.

Quizás la culpa no sea solamente de los conductores sino también de los fabricantes de coches y de los legisladores. ¿Por qué se fabrican y venden vehículos capaces de rodar a 200 km/h si el límite legal es de 120 km/h como mucho? Esto hace que básicamente uno sienta que puede conducir a la velocidad que quiera, a la que le permita el vehículo, siempre y cuando no le pillen. Sin embargo, no hace mucho nos desplazábamos a pie o al ritmo que marcaban los animales de montura. Así que, aunque ahora viajáramos a 80 km/h ya nos estaríamos moviendo muy deprisa. Además, correr más no significa conducir mejor. ¿Qué importa ir a toda pastilla si uno no es capaz de encender las luces en un día de lluvia, poner los intermitentes antes de cambiar de carril o frenar en los pasos de cebra?

Me preocupa que la gente conduzca a tanta velocidad, incluso dentro de los pueblos. Estoy segura de que, si fueran más despacio, morirían atropellados muchos menos animales, tanto domésticos como silvestres. Por supuesto, también se reducirían los atropellos de personas y los accidentes de tráfico. Siempre me ha parecido que el atropellamiento de un animal es una de las causas de muerte más tristes que existen. Cuesta mucho esfuerzo salir adelante y sobrevivir a partir del nacimiento. Es injusto perder la vida en un instante de esa forma tan aleatoria e inútil. No puedo evitar tener esto en mente cada vez que arranco mi coche. Ahí fuera, alrededor de la carretera, hay otros animales a los que no quiero hacer daño. Ese pensamiento, por sí solo, hace que se me quiten las ganas de pisar el acelerador.

En la carretera la lentitud puede ser una muestra de compasión y respeto hacia otras formas de vida. La lentitud es una cualidad tan valiosa como la rapidez. No deberíamos olvidarlo, por más que nos alejemos de la Naturaleza, por más que nos aislemos en nuestra burbuja tecnológica.

Tag: atropellos

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