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Los españoles ante el cambio climático

Publicado el10/05/2021

Central térmica de Andorra (Teruel)

Breve historia de la reacción institucional frente al cambio climático

La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático fue adoptada en 1992 y entró en vigor en 1994. España ratificó dicha Convención en 1993. Tras la publicación del Segundo Informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que concluía que el clima ya había comenzado a cambiar a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), los gobiernos acordaron incorporar una adición a la Convención conocida como el Protocolo de Kioto, que fue aprobado en 1997 e incluye compromisos jurídicamente vinculantes de reducción o limitación de emisiones. Este Protocolo fue ratificado por España en 2002 y entró en vigor en 2005.

En el periodo 2008-2012, conocido como primer periodo de compromiso del Protocolo de Kioto, las emisiones de GEI de los países industrializados debían reducirse al menos un 5% respecto a los niveles de 1990. La Unión Europea (UE) asumió en este primer periodo de compromiso la obligación de reducir sus emisiones en un 8% respecto al año base (1990/1995). Este compromiso se asumió de forma conjunta, realizándose un reparto interno entre los Estados Miembros. En el caso de España, este reparto supuso la obligación de limitar el incremento de sus emisiones de GEI, de manera que la media de emisiones netas en el período 2008-2012 no superase el 15% del nivel de emisiones del año base. En el segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto (2013-2020), la Unión Europea se comprometió a que en el año 2020 habría reducido las emisiones comunitarias de GEI en un 20% con respecto a 1990.

En 2015 tuvo lugar en París la vigésimo primera sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21). La COP21 terminó con la adopción del Acuerdo de París, que es jurídicamente vinculante y establece el marco global de lucha contra el cambio climático en el periodo 2021-2030. Su objetivo fundamental es evitar que el incremento de la temperatura media global supere los 2°C respecto a los niveles preindustriales, además de promover esfuerzos adicionales que hagan posible que no supere los 1,5°C. También reconoce la necesidad de que las emisiones globales toquen techo lo antes posible y alcanzar la neutralidad de carbono en la segunda mitad de siglo, es decir, un equilibrio entre las emisiones y las absorciones de GEI. Este Acuerdo entró en vigor en 2016 y fue ratificado por España ese mismo año.

En el marco del Acuerdo de París, que reconoce la importancia de ir incrementando los compromisos con objetivos cada vez más ambiciosos cada 5 años, la UE se comprometió en 2020 a reducir las emisiones comunitarias de GEI en 2030 al menos un 55% en comparación con 1990. La reducción inicial comprometida por la UE era del 40%, mientras que el objetivo europeo a largo plazo consiste en alcanzar la neutralidad climática en 2050 (Horizonte 2050).

Por tanto, desde hace 20 años España se ha comprometido a limitar o reducir sus emisiones de GEI, tanto en el ámbito de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, su Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, como en el de la Unión Europea. En la actualidad, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética (Ley 7/2021) establece que en 2030 las emisiones de GEI en España deben haberse reducido al menos en un 23% respecto a las de 1990, objetivo que se revisará al alza periódicamente. Como veremos más adelante, nuestro país alcanzó el pico de emisiones de GEI en el año 2007 y, aunque los niveles de contaminación atmosférica han mejorado desde entonces, estamos muy lejos de cumplir los compromisos adquiridos.

Evolución de las emisiones de GEI en España entre 1990 y 2019

En el año 2021 España presentó el Informe del Inventario Nacional 1990-2019 de emisiones de Gases de Efecto Invernadero a la Secretaría de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y a la Comisión Europea. Este Informe actualiza y revisa ediciones anteriores del Inventario Nacional, aportando numerosos datos tanto de las emisiones antropogénicas de GEI procedentes de diversas fuentes como de su absorción por los sumideros. En concreto, se analizan seis gases con efecto invernadero directo:

- Dióxido de carbono (CO2)
- Metano (CH4)
- Óxido nitroso (N2O)
- Hidrofluorocarburos (HFC)
- Perfluorocarburos (PFC)
- Hexafluoruro de azufre (SF6)

Además, se incluyen las emisiones de otros gases con efecto invernadero indirecto (precursores):

- Monóxido de carbono (CO)
- Compuestos orgánicos volátiles no metánicos (COVNM)
- Óxidos de nitrógeno (NOx)
- Óxidos de azufre (SOx)

Las estimaciones de emisiones se agrupan en cinco grandes sectores:

- Energía
- Procesos industriales y uso de otros productos (IPPU)
- Agricultura
- Usos de la tierra, cambios de uso de la tierra y selvicultura (LULUCF)
- Residuos

A continuación, se indican las tendencias en las emisiones nacionales de GEI en la serie histórica inventariada (1990-2019) desde tres enfoques distintos:

1. Emisiones brutas (excluyendo LULUCF).

2. Balance de los flujos de absorciones y emisiones en LULUCF.

3. Emisiones netas (incluyendo LULUCF).

Las emisiones se expresan en valores absolutos como kilotoneladas de CO2 equivalente (kt de CO2-eq) y en términos de variación temporal, considerando el año 1990 como año base.

1. Emisiones brutas (excluyendo LULUCF)

En la serie histórica se observa que las emisiones brutas de GEI (excluido LULUCF) en España han estado fuertemente influidas por las variaciones en el crecimiento económico, la población y el consumo energético, existiendo una estrecha relación entre estos tres elementos. En la evolución de la economía española se diferencian cuatro periodos: una fase de crecimiento inestable en la primera mitad de los años 90, seguida de una fase expansiva entre 1995 y 2008, momento en el que comienza la crisis económica que finaliza en 2014, iniciándose una última fase de recuperación.

Las emisiones nacionales aumentaron en los años de crecimiento económico, alcanzando su nivel máximo en 2007 con 446.328 kt de CO2-eq (+53,9% respecto a los niveles de 1990). En cambio, en los años de recesión o crisis económica, las emisiones disminuyeron. Sin embargo, en los últimos años de la serie, a pesar de la recuperación económica, las emisiones muestran una relativa estabilización, con altibajos debidos a la influencia de la climatología en la mayor o menor producción eléctrica procedente de fuentes no emisoras (hidráulica o eólica, dado que la producción nuclear es más estable). Aunque las emisiones brutas se redujeron de forma importante a partir de 2007, desde el año 2013 estas se han mantenido sin cambios destacados en valores superiores a los de 1990.

En 2019 las emisiones brutas de GEI se estimaron en 314.529 kt de CO2-eq, lo que supone un incremento del +8,5% respecto al año base pero una disminución del -5,6% respecto al año anterior, lo que indica que las emisiones están desacopladas del crecimiento económico. Este descenso se debe especialmente a la reducción del uso de carbón en la generación eléctrica, siendo sustituido principalmente por gas natural, que produce menos CO2.

En el siguiente gráfico se observa la variación relativa de las emisiones brutas de GEI en España respecto al año 1990 (100%):

Entre 1990 y 2019, en torno al 80% de las emisiones nacionales de GEI fueron debidas al CO2. El CH4 fue el segundo GEI con más emisiones (aproximadamente el 12% del total). En 2019 las emisiones de CO2 supusieron un 80% de las emisiones totales de GEI, seguidas por las de CH4 (12,2%), N2O (5,8%) y, en menor medida, gases fluorados (2%).

En 2019 las emisiones brutas de CO2 y CH4 fueron superiores a las de 1990 (+8,8% y +5%, respectivamente), mientras que las emisiones de N2O fueron similares a las del año base. Las emisiones de gases fluorados han experimentado un importante aumento desde 1990, especialmente las de SF6 (+256,3%). En cambio, las emisiones de HFC-PFC, aunque en 2019 siguieron siendo superiores a las del año base (+42,4%), se han reducido en comparación con los niveles que llegaron a alcanzarse antes de la creación del impuesto sobre los gases fluorados de efecto invernadero, como se explicará más adelante.

2. Balance de los flujos de absorciones y emisiones en LULUCF

El balance de las emisiones y absorciones de GEI procedentes del sector LULUCF (Usos de la tierra, cambios de uso de la tierra y selvicultura) da como resultado una clarísima prevalencia de las absorciones. Y el importante papel de este sector como sumidero se debe en su inmensa mayoría a las “Tierras forestales”, categoría que incluye las tierras forestales que se mantienen como tales y las tierras forestadas. En el lado opuesto se encuentran los “Asentamientos”, que son responsables de la mayor parte de las emisiones, a causa de la pérdida de carbono en los distintos depósitos como consecuencia del cambio en el uso del suelo.

En 2019 las absorciones netas (emisiones menos absorciones) derivadas del sector LULUCF se estimaron en 37.577 kt de CO2-eq, lo que equivale al 11,9% de las emisiones brutas totales de España. Este valor de las absorciones netas fue un +4,4% superior al de 1990 y se ha mantenido más o menos estable en los últimos años.

3. Emisiones netas (incluyendo LULUCF)

La evolución de las emisiones netas de CO2-eq, una vez descontadas las absorciones del sector LULUCF, es similar a la evolución de las emisiones brutas, debido a que el balance del sector LULUCF ha sido prácticamente invariable durante la serie histórica. El año con mayores emisiones netas en España fue 2007, cuando se superaron los valores de 1990 en un +60,7%. En el año 2019 las emisiones netas de GEI se estimaron en 276.952 kt de CO2-eq, lo que supone un incremento del +9% respecto al año base.

En el siguiente gráfico puede verse la variación relativa de las emisiones netas de GEI en España respecto al año 1990 (100%):

En cuanto a los gases con efecto invernadero indirecto, sus emisiones netas han experimentado notables disminuciones desde el año 1990. En 2019 las emisiones de CO cayeron un -58,9% con respecto a 1990, fundamentalmente debido a los cambios normativos aplicados al transporte por carretera. Las emisiones de COVNM bajaron un -41,1% por efecto de las mejoras tecnológicas en el parque móvil y la disminución del contenido de COVNM en disolventes y pinturas. Las emisiones de NOx se redujeron un -48,7%, debido principalmente a los avances tecnológicos del parque de vehículos y la expansión de las centrales de ciclo combinado con técnicas de reducción de emisiones. Finalmente, las emisiones de SOx muestran la caída más importante respecto a 1990 (-92,2%), por el descenso en el uso de carbón en las centrales térmicas (especialmente a partir del año 2008) y la introducción de técnicas de abatimiento en las grandes instalaciones de combustión.

Análisis de las emisiones de GEI en España por sector de actividad

En 2019 el sector con más peso en las emisiones brutas de GEI en España fue la Energía (236.738 kt de CO2-eq), seguido por la Agricultura (37.795 kt de CO2-eq), los Procesos industriales y uso de otros productos (IPPU) (26.110 kt de CO2-eq) y los Residuos (13.887 kt de CO2-eq).

La contribución de los distintos sectores y categorías de actividad a las emisiones brutas de los distintos GEI en 2019 fue la siguiente:

- El CO2 se emite mayoritariamente (92,6%) en el sector Energía (un 37,9% en el transporte y un 24% en la producción de energía), seguido del sector IPPU con un 7,2% del total.

- El CH4 se emite principalmente en los sectores Agricultura (un 41,6% en la fermentación entérica y un 18,1% en la gestión de estiércol) y Residuos (el depósito de residuos sólidos en vertedero supone un 25,6% del total).

- Las emisiones de N2O se deben sobre todo al sector Agricultura (un 67,1% en la gestión de suelos agrícolas y un 9% en la gestión de estiércoles).

- El 100% de las emisiones de gases fluorados proceden del sector IPPU y, concretamente, el 95,7% procede de los usos de los sustitutos fluorados de las sustancias que agotan la capa de ozono.

ENERGÍA

Históricamente el sector que más ha contribuido a la emisión de GEI en España es el de la Energía (más del 70% de las emisiones). En 2019 las emisiones de este sector representaron un 75,3% de las emisiones brutas nacionales (el 29,1% fueron debidas a la categoría “Transporte” y el 17,9% a las “Industrias de la energía”) y fueron superiores a las de 1990 (+11,1%).

La evolución de las emisiones de GEI de este sector a lo largo de la serie histórica está claramente marcada por la situación económica del país y por la combinación de fuentes de energía utilizadas en cada momento. Primero se observa un crecimiento del consumo de energía primaria paralelo al crecimiento económico. El máximo de las emisiones derivadas del sector Energía se alcanzó en los años 2005 y 2007 (más de un +60% comparado con 1990). Durante la crisis económica (2008-2014) se registró un descenso en el consumo de energía primaria, volviéndose a los niveles de finales de los años 1990. En los tres últimos años inventariados, el consumo de energía primaria ha aumentado nuevamente.

Durante todo el periodo inventariado predominan las fuentes energéticas emisoras. En la distribución del consumo de combustibles en el sector Energía se aprecia un aumento progresivo del gas natural frente a los carbones, así como un incremento de la biomasa y otros combustibles (residuos urbanos e industriales) en los últimos años. La producción energética española tiene una gran dependencia de los productos petrolíferos importados. El consumo de gas natural presentó un marcado aumento hasta el año 2008, debido al fomento de la red de distribución y suministro de este combustible y a la puesta en marcha de centrales de generación de ciclo combinado a partir de 2002. En los últimos años, dichas centrales no operan al máximo de su capacidad, por lo que el consumo de gas natural fluctúa de manera inversa a la participación de otras fuentes de energía no emisoras (eólica, hidráulica), las cuales varían en función de las condiciones meteorológicas de cada año. El consumo de carbón ha sufrido una reducción patente desde 2008. Las fuentes energéticas no emisoras aumentaron su contribución a partir del año 2007, debido al fomento de las energías renovables en España.

Entre 2018 y 2019 se ha producido una bajada de las emisiones derivadas de la generación de electricidad, a causa de la mayor producción de energías renovables (eólica, fotovoltaica y solar térmica), así como al descenso en el uso del carbón. La producción hidráulica descendió respecto al año anterior, al estar muy influida por las variaciones en la hidrología anual, siendo 2019 un año hidrológicamente muy seco. El carbón está siendo sustituido principalmente por gas natural, que también es un combustible fósil pero genera menores cantidades de CO2. La producción eléctrica en centrales de ciclo combinado ha aumentado, sustituyendo a las centrales térmicas de carbón.

La mayoría de las emisiones del sector Energía proceden de las “Actividades de combustión”. En 2019 el “Transporte” y las “Industrias de la energía” (centrales térmicas, refinerías de petróleo, transformación de combustibles) supusieron, respectivamente, el 39% y el 24% de las emisiones del sector. Las “Industrias manufactureras y de la construcción” contribuyeron con un 20%.

En 2019 las emisiones de GEI derivadas del “Transporte” experimentaron un aumento en torno al +56% respecto a 1990. Dentro de esta categoría, destaca el transporte por carretera, cuyas emisiones de GEI se han incrementado de forma importante desde el año base. Anteriormente las “Industrias del sector energético” eran las principales responsables de la emisión nacional de GEI, seguidas por el “Transporte”. No obstante, en los últimos años el “Transporte” ha pasado a ocupar la primera posición. Actualmente el transporte por carretera por sí solo supone un 26,9% del total de emisiones de GEI.

Las emisiones de las “Industrias de la energía” se incrementaron significativamente en el periodo 1998-2007, debido a los requerimientos de energía del crecimiento económico. En cambio, en el periodo 2007-2010 se produjo un descenso acusado de las emisiones, como consecuencia de la contracción económica y de cambios en la forma de producir electricidad (participación mucho menor del carbón y priorización de las energías renovables). Por último, en el periodo 2011-2019 las emisiones aumentaron o disminuyeron debido a variaciones en las fuentes de producción de electricidad. Los picos de emisiones se debieron a la mayor participación de las centrales termoeléctricas en los años secos (con menor producción hidroeléctrica), mientras que las emisiones se redujeron en los años con un mayor uso de energías renovables. En 2019 las emisiones de esta categoría descendieron en torno al -29% con respecto al año 1990, debido sobre todo al impulso a la descarbonización en la generación eléctrica (con el paulatino cese de actividad de las grandes centrales de carbón) y, en general, a la importante penetración de fuentes energéticas no emisoras.

Las emisiones de las “Industrias manufactureras y de la construcción” también fluctuaron de acuerdo con la actividad económica del país. Las reconversiones de determinados sectores han contribuido al descenso de las emisiones en ciertos momentos. La subcategoría que mayores emisiones genera es la “Combustión en industria de minerales no metálicos”, muy ligada a la construcción. En la evolución de las emisiones también ha jugado un papel importante la sustitución de los combustibles utilizados hacia aquellos con menor contenido de carbono por unidad energética. En el año 2019 las emisiones en esta categoría experimentaron un aumento del +4% con respecto a 1990.

AGRICULTURA

El segundo sector más contaminante en lo que a GEI se refiere es la Agricultura, con una contribución del 12% de las emisiones brutas en 2019, sobre todo debido a la ganadería (un 5,1% por la “Fermentación entérica” y un 2,7% por la “Gestión del estiércol”), aunque los “Suelos agrícolas” también tienen un papel importante (3,9%). En 2019 las emisiones de este sector fueron un +8% superiores respecto al año 1990.

Las fluctuaciones en las emisiones de las actividades agrícolas a lo largo de la serie histórica son fruto de la variación en el número de efectivos de la cabaña ganadera y de la cantidad de fertilizantes inorgánicos y orgánicos aplicados al suelo. Los niveles más altos de emisiones en este sector se alcanzaron entre los años 2000 y 2004 (aproximadamente +20% respecto a 1990).

Por otro lado, las restricciones a la quema de restos de cultivos como medida de prevención de incendios y la incentivación de prácticas conservadoras del suelo han conllevado una reducción de las emisiones de GEI por esta causa. Un aspecto de este Inventario que puede ser controvertido es que solo contabiliza las emisiones derivadas de la quema de residuos de los cultivos de algodón, ya que se da por hecho que, con la entrada en vigor de los compromisos y normas agroambientales a cumplir por los receptores de ayudas directas (condicionalidad) en el marco de la Política Agraria Común (PAC), la quema de residuos agrícolas se ha reducido notoriamente. En teoría, esta práctica solo puede llevarse a cabo por motivos fitosanitarios, medioambientales o de prevención de incendios, y siempre bajo autorización de la autoridad autonómica competente. Sin embargo, basta salir al campo para comprobar que el fuego sigue siendo utilizado de forma habitual por los agricultores, tanto para deshacerse de restos de cultivos como para eliminar la vegetación de ciertas zonas (p.ej. linderos).

PROCESOS INDUSTRIALES Y USO DE OTROS PRODUCTOS

En tercer lugar se sitúan los “Procesos industriales y uso de otros productos”, aunque la contribución de este sector a las emisiones brutas totales se ha reducido respecto al año 1990 hasta situarse por debajo del 9% (un 8,3% en 2019), debido tanto al descenso de las emisiones del sector como al incremento de otro tipo de emisiones. De hecho, actualmente este es el único sector cuyas emisiones de GEI son inferiores a las de 1990 (-11,9% en 2019).

La categoría “Productos minerales” es la que genera el mayor nivel de emisiones de este sector, a causa de la fabricación de cemento vinculada a la construcción. En 2019 esta categoría contribuyó con un 3,8% a las emisiones brutas nacionales de GEI. La evolución del sector IPPU también está muy influida por la refrigeración y el aire acondicionado, cuyas emisiones se incrementaron rápidamente a consecuencia de la aplicación del Protocolo de Montreal (1987). La prohibición de los clorofluorocarbonos (CFC) y los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) (refrigerantes de primera y segunda generación), por ser sustancias que agotan la capa de ozono, provocó su sustitución por los hidrofluorocarbonos (HFC) y otros gases como los perfluorocarbonos (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF6) que, desgraciadamente, contribuyen al efecto invernadero. Las emisiones de la categoría “Usos de productos como sustitutos para las sustancias que agotan la capa de ozono” siguieron una tendencia creciente hasta la entrada en vigor de la Ley 16/2013, que creó el impuesto sobre los gases fluorados de efecto invernadero, lo que provocó un progresivo descenso en este tipo de emisiones.

En la evolución de las emisiones de este sector se observa un tramo descendente inicial (1990-1993), acorde con el ciclo económico, seguido por un periodo de crecimiento sostenido en 1993-2007, motivado por la actividad económica y por las emisiones de PFC y HFC. En el periodo 2008-2013 se produjo una acusada caída como consecuencia del descenso de la actividad industrial durante la recesión económica. A partir de ese momento la tendencia continuó siendo descendente, con una importante bajada de las emisiones desde 2015, debido a la disminución de las emisiones de gases fluorados.

Por otra parte, es interesante apuntar la reducción de las emisiones de GEI derivadas de la producción de hierro y acero que se está consiguiendo gracias a la sustitución progresiva de la materia prima del mineral de hierro por el consumo de material reciclado (chatarra).

RESIDUOS

Por último, el sector Residuos fue responsable del 4,4% de las emisiones brutas de GEI en 2019, principalmente debido al “Depósito en vertederos de residuos sólidos” (3,1%).

Este sector muestra una tendencia al alza a lo largo de la serie histórica, debido a la evolución de las emisiones de CH4 en los vertederos de residuos sólidos. En 2009 se alcanzó un máximo de +31,1% respecto a 1990 y, a partir de ese año, las emisiones han mantenido una tendencia irregular a la baja. En 2019 las emisiones de este sector aumentaron un +12,3% respecto a 1990.

¿Y qué podemos hacer nosotros?

En España los peores años han pasado respecto a los sectores Energía y IPPU, aunque queda mucho camino por recorrer, sobre todo en lo referente al Transporte y, más concretamente, al transporte por carretera. Además, en los sectores Agricultura y Residuos no se ha producido una mejoría apreciable a lo largo de la serie histórica. Si en 2019 nuestro país ni siquiera había alcanzado un nivel de emisiones de GEI igual al de 1990, ¿conseguiremos una reducción del 23% para el año 2030, como establece la nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética? En el caso del cambio climático se demuestra una vez más cómo pertenecer a la Unión Europea impulsa el avance de las políticas ambientales españolas, que seguramente aún estarían más atrasadas de lo que están hoy en día si no fuera por la obligación de aplicar la normativa europea.

Es propio de los políticos hacer promesas que finalmente no cumplen. Pero en lo que respecta al cambio climático no sería justo responsabilizarles por completo de la lentitud de los avances. Actualmente nadie puede decir que desconoce el problema. Y la maquinaria legislativa dirigida a abordarlo se está moviendo desde hace mucho tiempo. Llegados a este punto, una vez se ha superado en gran parte el negacionismo recalcitrante de unos pocos y la inercia de los gobiernos del mundo, probablemente el principal obstáculo a salvar sea la indiferencia y la falta de conciencia medioambiental de la mayoría de la gente.

Cada uno de nosotros puede hacer mucho para contrarrestar el cambio climático. Limitar los desplazamientos en vehículos de combustión (automóvil, avión, etc.) y consumir menos electricidad. Disminuir el consumo de carne y de productos de origen animal. Reducir la cantidad de residuos que generamos o hacer el esfuerzo de reutilizar y reciclar. Elegir productos de la agricultura ecológica y no tirar comida. O evitar comprar electrodomésticos que son prescindibles. Si todos aportamos nuestro granito de arena, ¿lograremos la meta europea de la neutralidad climática para 2050? ¿Será ya demasiado tarde?

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