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Despoblemos los pueblos y las ciudades

Publicado el31/01/2019

Puerta de una casa en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)

Si te preocupa el planeta, no tengas hijos

Solo hace falta mirar un mapa de España para comprobar que apenas queda superficie por ocupar. Es difícil encontrar un sitio donde no haya nadie más que uno mismo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se repite el mensaje de que la despoblación rural es un motivo de preocupación. Al parecer, la población tiende a concentrarse en las capitales de provincia y en unos pocos pueblos grandes.

Como parte de ese mensaje, se dice que los agricultores y los ganaderos son los que cuidan y mantienen el medio ambiente. Es cierto que, al transformar y explotar su entorno, la gente de los pueblos ha favorecido la aparición y el mantenimiento de hábitats que de otra forma no existirían en ese lugar, como los pastos, las estepas cerealistas o las dehesas. Pero también ha destruido bosques, ha desecado humedales, ha contaminado aguas y suelos, ha provocado incendios, ha exterminado especies y ha degradado el paisaje. Por ejemplo, los campos de maíz en los Monegros son un atentado contra el sentido estético y en algunos pueblos de Aragón el agua no es potable por el exceso de nitratos, debido a que el abono excesivo de los campos, a menudo con purines de las granjas intensivas de cerdos, contamina los acuíferos.

Si el medio rural se despoblara totalmente, el medio ambiente cambiaría, como lo hizo a causa de las actividades humanas. Pero el cambio no sería necesariamente a peor. Por ejemplo, el abandono de las labores agrarias permite en muchos casos la recuperación de los bosques. Sin embargo, llegados a este punto, es posible que sea nuestra responsabilidad conservar aquellos hábitats valiosos que contribuimos a crear sin pretenderlo, del mismo modo que lo es intentar recuperar la calidad ambiental de los lugares que dañamos. Es una pena que muchos pueblos se estén convirtiendo en centros de vacaciones para los propietarios de las casas y los turistas, como si fueran una extensión de la ciudad.

Quizás la despoblación rural no sea un problema sino una oportunidad. La oportunidad de reducir la presión humana sobre el medio natural. No importa si somos pocos. Lo importante es que quienes vivan en los pueblos apuesten por la ecología en sus formas de vida y trabajo. El medio rural no va a desaparecer. No es posible. Pero seguirá cambiando con el paso del tiempo. La dirección de ese cambio dependerá de los habitantes de los pueblos. De las decisiones que tomen y de los valores que defiendan. La oposición ciudadana a la minería de tierras raras en el Campo de Montiel (Ciudad Real) es un buen ejemplo de ello.

Homo sapiens no está en peligro de extinción, a diferencia de muchas otras especies a las que estamos robando el espacio y los recursos que necesitan para vivir. Hoy en día el verdadero problema no es la despoblación rural sino la sobrepoblación humana que, además, se concentra en las ciudades. Nos hemos convertido en una plaga. Para restablecer el equilibrio ecológico, además de muchas otras medidas, es necesario que disminuya el número de personas que viven tanto en los pueblos como en las ciudades. Tal vez la mayor contribución que podemos hacer para proteger la Naturaleza y el planeta que habitamos sea no tener hijos.

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