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Denuncia de malas prácticas veterinarias en la vacunación de gatos

Esta fue nuestra experiencia con el Centro Clínico Veterinario San Miguel de Zaragoza

Empezaré por el final. Hace poco he asistido a un juicio como demandante tras haber denunciado al Centro Clínico Veterinario San Miguel de Zaragoza por malas prácticas veterinarias que afectaron a mi gata. Si alguna vez tienes que enfrentarte a una situación similar, prepárate para lo siguiente:


- El veterinario va a mentir para cubrirse las espaldas.
- Su abogado y el perito de su seguro van a decir lo que sea para cobrar su sueldo y seguir su línea de defensa, aunque no se ajuste a la verdad.
- No vas a poder declarar si la parte demandada no lo solicita, algo que no suele ocurrir.

Como la demandada ha sido la dueña del centro clínico, pudieron llamar a declarar a la veterinaria que atendió a mi gata, que trabaja en la clínica del barrio de Santa Isabel. El diálogo que tuve que escuchar fue:

JUEZ: ¿Tiene algún tipo de relación con la demandada?

VETERINARIA: Sí, trabajo para ella desde hace muchos años.

JUEZ: ¿Fue usted una de las personas que atendió a la gata?

VETERINARIA: Sí.

JUEZ: ¿Y lo anterior le impide decir la verdad en su declaración?

VETERINARIA: No, qué va.

JUEZ: Muy bien, declare pues.

¿Y qué hizo la veterinaria a continuación? Ya os lo podéis imaginar. Tanto ella como su perito demostraron tener grandes dotes actorales. Dijeron que le hicieron a mi gata una revisión completa (incluso con aspiración de los ganglios linfáticos) antes de vacunarla. Falso. Dijeron que me habían recomendado hacerle el test de la leucemia felina previamente pero que yo me negué. Falso. Dijeron que el fibrosarcoma no le había aparecido en la zona de aplicación de las vacunas. Falso. Dijeron que me informaron de que había empeorado y se estaba muriendo a causa del cáncer. Falso. Podría seguir. Al no decir la verdad, ambos reconocieron implícitamente que sabían que no se actuó bien. Pero yo no pude explicar lo que pasó, no me dejaron hablar. El juicio fue como una mala representación teatral a la que tuve que asistir sin poder intervenir.

Ahora volvamos al principio. Si tu veterinario se dispone a vacunar a tu gato sin haberte explicado antes lo que es un fibrosarcoma y sin haberle hecho el test de la leucemia felina y una revisión de su estado de salud, incluyendo un análisis de sangre, coge a tu gato, vete inmediatamente de esa clínica y no vuelvas nunca más.

La vacunación no debe hacerse de forma indiscriminada. En cada caso, haya que evaluar los beneficios y los riesgos cuidadosamente. Las clínicas veterinarias a menudo funcionan como tiendas de mascotas, no como hospitales veterinarios. Intentan vender sus servicios y productos para ganar dinero, aprovechándose a veces del afecto que las personas sienten por sus animales y de su falta de conocimientos. En ocasiones los veterinarios recomiendan poner vacunas que son ineficaces, innecesarias o que pueden causar efectos secundarios graves. Harás bien en contrastar lo que te digan con una segunda opinión o buscando información por tu cuenta, antes de tomar una decisión que pueda perjudicar a tu animal o a ti mismo.

Por desgracia, yo no cogí a mi gata y me marché de la clínica. Entonces no sabía lo que sé ahora. Tras la vacunación, desarrolló un fibrosarcoma entre las escápulas, justo en la zona donde se ponen las inyecciones. Y acabó muriendo porque las vacunas provocaron la activación de un virus, probablemente el de la leucemia felina, que su sistema inmunológico había mantenido a raya durante años. Si me hubieran informado de los riesgos y me hubieran recomendado hacer análisis previos, no la habría vacunado. Si no la hubiera vacunado, nada de esto habría pasado. Además, cometieron otros errores graves durante el tiempo que la atendieron tras la extirpación del tumor, como confundir una anemia severa con un golpe de calor. El más importante de ellos fue no darse cuenta de que se estaba muriendo a causa de una viremia. Como consecuencia, mi gata no recibió el tratamiento adecuado, sufrió innecesariamente y tuvo una mala muerte.

Después de que falleciera, comencé un periplo de dos años que me llevó hasta el juicio. En resumen, los pasos que he dado durante ese tiempo han sido:

- Presentar un escrito ante el Colegio Oficial de Veterinarios de Zaragoza.
- Solicitar asesoramiento al Consejo General de Colegios Veterinarios de España.
- Contratar a un perito veterinario que encontró evidencias de mala práctica veterinaria y emitió un informe.
- Contratar a una abogada especializada en derecho animal.
- Presentar una reclamación extrajudicial ante la clínica veterinaria.
- Presentar una demanda judicial.
- Asistir al juicio con la abogada y el perito.

Si ha sido necesario llegar a juicio es porque presentar el escrito ante el colegio oficial de veterinarios fue inútil y porque las clínicas veterinarias tienen contratado un seguro para este tipo de situaciones. La compañía aseguradora les proporciona el perito y el abogado, por lo que no pierden nada por rechazar la reclamación extrajudicial y negarlo todo hasta el final.

Pretender que se haga justicia ante un caso de mala práctica veterinaria no es fácil. Requiere mucho tiempo, dinero y ánimo. Los dueños de animales estamos muy desprotegidos cuando nos sucede algo así. Por mi experiencia he visto que los veterinarios tienden a actuar con corporativismo y a protegerse entre sí. A algunos de ellos no les importa mentir con tal de librarse de toda responsabilidad y defender sus intereses. Supongo que consideran que su código deontológico no es más que papel mojado. Por otra parte, los abogados y los peritos son muy caros, en especial los peritos. Y todo el proceso, sobre todo el juicio, puede resultar duro emocionalmente.

Ya conozco la sentencia. El daño que estas veterinarias le hicieron a mi gata no va a tener ninguna consecuencia legal. La juez ha tomado los testimonios de la veterinaria y su perito como ciertos y ha desestimado la demanda. La única explicación que encuentro es que a la juez no le haya apetecido leerse las pruebas que presenté (por cierto, la demandada no presentó ninguna prueba que apoyara sus declaraciones). Al fin y al cabo, no dejó que mi abogada hiciera un alegato final al que teníamos derecho porque… ¿se le hacía tarde para comer? Está claro que las malas prácticas suceden en todas las profesiones. La última opción que me queda es difundir el caso por los medios de que dispongo, con la esperanza de que contar lo que le pasó a mi gata sirva para que otras personas tengan la información que yo no tuve, de forma que se evite el daño a otros animales.

Tag: gatos

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